Las empresas tradicionales tienen muchos paradigmas en sus procesos de ventas. Una de ellas es referente a sus métricas de visitas. Estos vendedores entonces llegan a considerar más importante lograr las 15 visitas diarias y más grave cuando esas 15 visitas son muchas más de las que puede hacer en el día teniendo en cuenta factores tales como los tiempos de transporte, los tiempos de espera.
Con estas presiones de tiempo, los vendedores tienen muy poco tiempo para indagar y solo se concentran en presentar informaciones a los clientes y por eso los procesos de investigación y diagnóstico de las necesidades es muy ineficiente.
Esto mismo creo que es lo que pasa con los médicos que trabajan para EPS (empresas prestadoras de salud) en donde les fijan unos pocos minutos por cada paciente. Es un negocio masivo y de alto control, por lo que además le exigen al médico que diligencie extensos documentos. Son tan pocos minutos para el paciente y varios minutos de estos se van en papeleos y burocracia. El tiempo para diagnosticar es mínimo y por eso la calidad se deteriora. El médico seguramente hace unas muy pocas y elementales preguntas y luego concluye que es un caso típico de algún mal y en forma inmediata sugiere el tratamiento.
El médico sabe y está totalmente convencido de que el diagnóstico es el proceso más importante y que si hace mal, es imposible esperar buenos resultados.
sábado, 5 de julio de 2008
El mal vendedor y el médico público
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Jose Ignacio Tobon,
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